domingo, 23 de junio de 2019

RAÍCES BÍBLICAS DEL BAUTISMO (cuarta parte)


El bautismo cristiano, nuestro bautismo, como rito de purificación en agua, es continuación de ritos contemporáneos de su tiempo, ¿en que se diferenciaba? Juan echaba agua como los otros echaban agua; Jesús fue bautizado con agua. Cuando comenzó el bautismo cristiano se echaba agua.  El bautismo cristiano como rito de purificación es continuación de los otros; pero su sentido espiritual, el sentido de nuestro bautismo y la riqueza es inmensamente más grande y misteriosa.
    Es urgente saber, ¿en qué ha consistido nuestro bautismo?.
Ante todo es una gracia de Dios, de un valor que no podemos comprender. Y es una gracia de la que debemos estar profundamente agradecidos y tratar de comprender para poder vivir nuestro propio bautismo. Esto lo podemos lograr estudiando lo que el Nuevo Testamento nos enseña acerca de qué es el bautismo.
    1. La Palabra de Dios en los libros del Nuevo Testamento nos enseña primero, “el bautismo nos da el perdón de los pecados”. 
    Algunos textos que nos ilustran sobre esto. El día de Pentecostés, después de que Pedro dijo lo que había pasado aquel día, le preguntaron los judíos que lo habían escuchado: ¿Y qué debemos nosotros hacer para alcanzar la salvación que ustedes nos han proclamado? Y Pedro respondió: “Convertíos, volved a Dios, regresar a Dios, retornar a Dios de quien hemos venido en definitiva; y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados”. El bautismo nos da el perdón de los pecados.
    Y este perdón, ha sido descrito también por el Nuevo Testamento como de un paso de la muerte a la vida. En la epístola a los Efesios, san Pablo escribe: “Dios rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”. El bautismo es como un paso de la muerte a la vida.
    Y otra imagen, también bíblica, “el bautismo es un tránsito de las tinieblas a la luz”. En la 1Ts, encontramos un texto de verdad hermoso para todos los cristianos. Les dice san Pablo: “Todos vosotros sois hijos de la luz, e hijos del día; nosotros no somos de la noche, no somos de las tinieblas; y por eso, el bautismo en la teología cristiana católica oriental ortodoxa, al bautismo se le llama la “iluminación”. Más de alguno que acaba de escuchar lo que dije pensará: Ah, entonces la Iglesia oriental, ¿es católica como nosotros? Recuerden que el Credo del siglo IV nos dice “Creo en una Iglesia Santa, Una, Católica y Apostólica”. Y aún cuando seamos católicos ellos y nosotros, estamos separados. Y como que ellos se apoderaron del título de la Iglesia de la Recta Doctrina; por eso les dicen ortodoxos; y nosotros agarramos el de católicos. Pero si creemos lo mismo, tanto ellos como nosotros somos católicos, y tanto ellos como nosotros, somos ortodoxos, nada más que somos hermanos peleados.
    2. El bautismo nos comunica vida, vida divina por la cual somos verdaderos hijos de Dios. Este es un punto muy misterioso, cómo quisiera tener palabras para poder meter en su mente esta idea. Pero tengo un ejemplo muy bonito: El papá y la mamá ¿qué le comunican a la criaturita cuando Dios infunde el alma? ¿Qué le comunican? La vida. El papá y la mamá son comunicadores de vida, aún cuando el mero, mero dador de vida sea Dios que infunde un alma creada inmediatamente por él. Pero sea como sea, el papá y la mamá comunican vida; el grande don de la vida humana por la cual somos seres humanos y pertenecemos a esta humanidad es porque nuestros padres nos comunicaron vida y vivimos con vida humana.
     Esto ¿está clarito? Sí verdad, evidente. Lo que no es evidente es lo segundo. En el momento del bautismo, cuando el agua corre por la cabecita de la criatura, le sucede a esa criaturita que así como el papá y la mamá comunicaron vida, en ese momento Dios comunica vida no humana sino vida divina a través del Espíritu Santo. Así como el papá y la mamá comunicaron vida en el momento de la concepción de su hijo, así también en el momento en que corre el agua y el ministro del bautismo dice “yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, entra vida no humana sino vida divina en la criaturita y es convertida en ese momento en verdadero hijo de Dios.
     Por eso, una es la criaturita que entra a la iglesia para ser bautizada; y otra, totalmente otra, es la que sale. Y nosotros no vemos nada de lo que ha sucedido. Pero para evitar una dificultad, me preguntarán, ah, ¿entonces antes no era hijo de Dios? Diferente. Hay que matizar las respuestas: Todo ser humano es hecho a imagen y semejanza de Dios; somos criaturas de Dios.
      Pero por la fe, por la fe, sabemos que en el bautismo se nos comunica una vida divina, gracias a la filiación divina de Jesús. De tal manera que una criaturita bautizada es diferente de una que no es bautizada. Por eso cuando algún papá, mamá, me dicen “no, yo no bautizo a mi hijo o a mi hija, hasta que ellos quieran, si es que quieren”. Primero, yo les aseguro que nunca van a querer; y segundo, ¿por qué privarles de la vida divina? Respondemos así porque no sabemos pero yo pregunto: ¿cuándo le pediste permiso a tu hijo de que él  naciera? A él no le pediste permiso de que le comunicaras la vida humana que va a terminar, ¿cómo te atreves conscientemente a impedir que ésta criaturita sea transformada en hijo de Dios? La única respuesta es: la ignorancia, y como Jesús ya dijo, allá cuando lo estaban crucificando: “perdónalos porque no saben lo que hacen”, pues allí en esa preciosa oración de Jesús entran todos nuestros pecados por lo ignorantes que somos de las cosas de Dios.

     Hay un texto muy bonito sobre, sobre la filiación divina. “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo para que recibiéramos la filiación divina, de modo que ya no eres esclavo sino hijo; y si eres hijo, eres heredero de las cosas de Dios y eres heredero de Dios”. Texto admirable de Ga 4,4-7. Pero se nos antoja como dudar un poco, ¿de verdad, de verdad somos hijos de Dios o nada más son palabras?NO SON SÓLO PALABRAS, En la 1Jn 3,1-2 dice: “mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, ¡pues lo somos!”, no solamente somos llamados sino somos. Somos hijos de Dios ahora. “Pero aún no se nos manifiesta lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste él, cuando muramos, seremos semejantes a Jesús, porque le veremos tal cual es”.
    3. Participamos de la naturaleza de Dios, en íntima conexión con el número dos, hay un texto de 2ª Pe 1,4.  Así como el papá y la mamá pasan a sus hijos la naturaleza humana a la cual pertenecemos todos. La segunda epístola de Pedro nos dice: “Su divino poder nos ha concedido que nos hiciéramos partícipes de la naturaleza divina”. Así como todos participamos de la naturaleza humana, por el bautismo participamos de manera analógica de la naturaleza de Dios.




*Conferencia del P. Carrillo sobre el tema,  disponible en cd en el IPB-SCA.

lunes, 10 de junio de 2019

RAÍCES BÍBLICAS DEL BAUTISMO (tercera parte)

El Bautismo de Jesús en el Jordán fue algo inédito y excepcional.

Cómo quisiéramos penetrar en lo que el bautismo de Jesús fue para Jesús y para toda la humanidad, ese bautismo recibido en el Jordán. No les recuerdo la escena porque supongo que todos la tenemos en la mente. Si por algún motivo no la tenemos en la mente les digo que está en el evangelio de san Marcos en el capítulo 1, del versículo 9-11. En cuatro versículos tienen ustedes la narración sucinta, sin explicaciones, pero que se necesitan, de lo que le pasó a Jesús en ese momento.
    Jesús en su naturaleza humana, siendo Dios, era hombre también. ¿Qué tanto por ciento Jesús era Dios? ¿Un 50%? ¿O 60%? ¿O 100%? ¿Y qué tanto por ciento era hombre? 100%. Entonces como hombre, como ser que tiene un entendimiento con qué pensar y recibir una luz de Dios, siendo Dios, por eso insisto Jesús en su naturaleza humana, sintió que era voluntad de Dios que entrevistara a Juan Bautista, adhiriéndose al movimiento espiritual de Juan Bautista que impartía aquel bautismo de conversión para perdón de los pecados, en vista de la venida del Mesías. Y Jesús fue al Jordán. Y Jesús se acercó a Juan Bautista.
     Juan bautista lo conocía, era su pariente; él sabía que era un hombre bueno; no sabía quién era, no sabía que era el Mesías; no sabía menos todavía que era el  Hijo de Dios; lo conocía como su pariente y un buen judío. Y entonces cuando se acerca Jesús a Juan Bautista para ser bautizado le dice Juan: No, yo no te bautizo a ti, no lo necesitas; mejor tú bautízame a mí. Pero Jesús le dijo: Juan, tu misión, la misión que Dios te ha dado es bautizar al que se acerque para ser bautizado. De tal manera que bautízame.
     Pero aquí hay un misterio enorme. La definición del bautismo que impartía Juan era “un bautismo de conversión para perdón de los pecados”, y con ese bautismo, bautizó Juan a Jesús. Y entonces nos preguntamos, ¿pero qué necesidad tenía Jesús de ser bautizado con un bautismo de conversión para perdón de sus pecados si en él por ser Dios era incompatible en él la existencia del pecado?
    Pero aquí hay una respuesta profundísima: Así como hubo un primer hombre del cual vinieron todos los demás, así también la Palabra de Dios nos dice Jesús es un nuevo hombre. Hombre en hebreo se dice Adán, Jesús es un nuevo Adán, con quien nace una nueva humanidad; y así como por el primer Adán entró el pecado y la muerte al mundo, por este nuevo Adán entra la vida eterna en el mundo. Y entonces Jesús como nuevo hombre, como nuevo principio de raza, recibe el bautismo de conversión para los pecados pidiendo el perdón a Dios, del pecado de toda la humanidad. No me imagino yo a Jesús ante Juan Bautista, y Jesús orando, diciendo, “Padre, gracias porque yo no he cometido pecados, pero mira todos los que están aquí estan empecatados, entonces yo no te pido perdón por mis pecados sino por el perdón de ellos”. Sino que Jesús debió hacer una oración como nuevo hombre, pidiendo el perdón para todos sus hermanos los hombres; y en esa oración de Jesús, “Padre perdona nuestros pecados”, radica el perdón de los pecados que nos concede Dios gracias a la oración de Jesús. Él después entregará su sangre para el perdón de nuestros pecados; pero ya desde su bautismo, había implorado a su Padre “perdónales sus pecados porque no saben lo que hacen”.
     Juan bautizó a Jesús con agua. Pero dice el evangelio algo muy importante, importantísimo: que cuando Jesús había salido ya del agua, cuando estaba ya en la orilla, e imagínense ustedes a Juan Bautista con otro ya en la fila, y ya Jesús fuera. Dice el evangelio que habiendo salido del agua, el cielo se abrió sobre Jesús; el Espíritu Santo descendió y entró en él; y escuchó esta palabra: “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”. Y Jesús el Hijo de Dios, en su naturaleza humana, como hombre, quedó lleno del Espíritu Santo.
     De tal manera que podemos hacer estas dos preguntas: ¿Cuántos bautismos recibió Jesús en el Jordán, uno o dos? ¿Uno o dos? ¿Quién le echó agua? ¿Quién le echó el Espíritu Santo? ¿Dónde estaba Jesús cuando Juan le echó agua? En el Jordán. ¿Dónde estaba Jesús cuando Dios le envió el Espíritu Santo? ¿Cuántos bautismos recibió Jesús? Uno con agua, bautismo de conversión para el perdón de los pecados de toda la humanidad; pero luego el bautismo propio del Mesías, el Padre que llena a su Hijo hecho hombre del Espíritu Santo para poder realizar Jesús, la misión que el Padre le había encomendado, de proclamar, implantar, hablar del Reinado de Dios en el mundo. Y la misión de entregar su propia vida, su cuerpo y su sangre, mediante la muerte, para perdón de nuestros pecados; pero inmediatamente resucitar y ser glorificado a la derecha de Dios. Y gracias a ese bautismo con el Espíritu Santo, Jesús pudo realizar la misión que Dios le había confiado. Por eso el bautismo de Jesús en el Jordán fue algo inédito y excepcional.




*Conferencia del P. Carrillo sobre el tema,  disponible en cd en el IPB-SCA.