miércoles, 24 de julio de 2019

LA CONFIRMACIÓN (1ª PARTE)*


El Sacramento de la Confirmación perpetúa en la Iglesia la gracia de Pentecostés, de tal manera que Pentecostés es el día de nuestra confirmación cuando Jesús nos llena de Espíritu Santo para que realice, el Espíritu Santo, en nosotros Iglesia lo que realizó en los apóstoles.
La Confirmación es nuestro Pentecostés personal. Por el bautismo somos hechos hijos de Dios, por la confirmación somos llenos de Espíritu Santo que nos transforma, nos comunica vida, nos comunica carismas, para construir la Iglesia de Dios.
Creemos a veces que la navidad es lo máximo y claro que es lo máximo bajo el punto de vista de la ternura, del amor, de los regalos , de la convivencia familiar; pero para Jesús no fue lo máximo. El día de nuestro nacimiento es el día máximo de toda nuestra existencia, es el primer día de la vida, cuando todo va a comenzar, se nos ocurriría que el día máximo es el jueves santo por ser el día de la Institución de la Eucaristía, ó el viernes santo por ser el día de la redención, el rescate de la humanidad y sobre todo porque todas nuestras iglesias católicas están presididas por un crucifijo y entonces la visión del crucificado como que ha abarcado nuestro pensamiento, nuestra imaginación pero no es el día máximo para Jesús. El día máximo para Jesús no fue el día de su muerte como para nosotros el día máximo no va a ser el día de nuestra muerte. Pensamos con grande acierto que el día máximo para Jesús puede ser el día de su resurrección y ya nos estamos con ello acercando a la verdad total.
El día de la resurrección estamos celebrando el misterioso paso de Jesús de este mundo a la eternidad, al mundo de Dios, el día de la resurrección Jesús ya no es de nuestro mundo, por eso cuando se aparece a veces lo reconocen, Él quiere infundir la fe de que el que ha muerto ha resucitado. Pero a veces no se le reconoce, Magdalena que había amado tanto al Señor a veces no lo reconoce, sus discípulos, los discípulos de Emaús que venían caminando con Él una hora, hora y media porqué no lo reconocen? Porque Jesús ya no es de este mundo, ha resucitado, pero no a la condición humana antes de su muerte, sino que ha pasado a la eternidad pero el que murió ése mismo resucitó pero a una vida totalmente diferente.
Pensaríamos que el día de su resurrección, el día de Pascua es el día máximo para Jesús pero todavía no, litúrgicamente al menos, porqué? porque el día de la resurrección de Jesús conmemoramos su paso a una nueva vida. Sin ser ya de nuestro mundo se aparece a diferentes personas, y grupos durante cuarenta días, nos queda la impresión de que todavía está en nuestra tierra.  Pero después de cuarenta días la liturgia celebra el día máximo para Jesús y que desgraciadamente permanece muy oscuro a nosotros , es el día de la Ascención de Jesús. Ordinariamente celebramos su subida al cielo y hasta allí nos quedamos, pero no nos preguntamos qué le sucedió a Jesús cuando subió al cielo. Como es un misterio enorme la Biblia nos lo cuenta muy poéticamente, que el último de esos cuarenta días estando Jesús con sus discípulos les dice ya me voy, ya no me volverán a ver y bellamente el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que Jesús se fue elevando y pronto una nube lo arrebato a la mirada de ellos y no lo volvieron a ver más, porqué? Porque Jesús no se había marchado unos kilómetros más
Este era un signo sensible de que Jesús había pasado al cielo para siempre sin dejarse  ver más, sin haberse manifestado como humano en la vida en la tierra, ni siquiera durante cuarenta días como resucitado, sino que a partir de esa fiesta de la Ascensión Jesús está en Dios, nosotros decimos en el cielo pero qué significa el cielo? le cambiamos el nombre por el de el paraíso, el gran misterio es que Jesús está en Dios, pero qué le sucedió a Jesús, qué le pasó al llegar al cielo?

Con lenguaje bíblico, les explico: el Padre que estaba esperando a su Hijo que había terminado su misión que le había encomendado, le organizó una fiesta en el cielo, en qué consistió?, yo me imagino un salón gigantesco en el cielo, los ángeles y arcángeles y los que habían muerto y estaban en Dios lo reciben cuando Jesús hace su entrada Triunfal en el santuario en el cielo, esto es pura imaginación, pero responde a una realidad teológica y llega hasta el trono hasta donde está su Padre Dios. ¿De quién les estoy hablando, de Jesús Dios ó de Jesús hombre?
Del Jesús que resucitó, del Jesús que murió, del que sube al cielo, del Jesús Hombre, a ese Jesús hombre es el que recibe el Padre en el cielo, el Padre se levanta para recibir no sólo a su Hijo eterno, sino a Jesús el Hijo eterno hecho carne que murió y resucitó, así que la fiesta podemos decir es a Jesús hombre.
Entonces el Padre hace dos cosas con Jesús, le dice Hijo sube al trono divino mira que he preparado un sitial a mi derecha , para ti, te constituyo Señor del Universo entero, Señor de cielos y tierra, te constituyo el Rey de Reyes Supremo Ungido, te constituyo Sumo Sacerdote para toda la eternidad para que intercedas por los hombres por quienes has dado tu vida. Entonces el Padre constituyo a Jesús con tres títulos, 1. El Señor del Universo entero, Señor de cielos y tierra, 2. Rey de reyes, supremo Rey, 3. Sumo Sacerdote para toda la eternidad que intercede constantemente por todos aquellos a quienes vino a salvar. Pero no sólo al constituirlo y sentarlo a su derecha, le da el regalo máximo que el Padre le puede dar a su Hijo Jesús, hombre exhaltado a su derecha, puede darse a sí mismo, el Padre le regalo a Jesús como don supremo último, le regaló el Espíritu Santo y Jesús sentado a la derecha del Padre recibe del Padre el Espíritu Santo. Me dirán ustedes ¿es que Jesús no tuvo siempre Espíritu Santo?, cómo usted dice que se lo dio en ese momento?
De quién se trata de Jesús Dios? Ó de Jesús hombre?
En la vida de Jesús el Evangelio nos cuenta nos cuenta por lo menos tres intervenciones del Espíritu Santo en la vida de Jesús . 

* Estaremos presentado la conferencia del P. Carrillo sobre la Confirmación expuesta de manera sencilla pero muy profunda como él nos explicaba los misterios de nuestra fe.