domingo, 21 de septiembre de 2014

HACIA LA UNION TRANSFORMANTE (tercera parte)

HACIA LA UNION TRANSFORMANTE (cont.)

Todo esto es un programa excelente de vida espiritual.
Colosenses 3,10. Vean ustedes cuántos textos que nos hablan de lo mismo en una u otra forma. Colosenses capítulo 3 versículo 10:
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Col 3,10: "Revestíos del hombre nuevo que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto según la imagen de su Creador."
La obra del Espíritu: Vamos revistiéndonos del hombre nuevo, revestirse de Cristo, que se va renovando, perfeccionando, hasta alcanzar un conocimiento perfecto o un parecido perfecto. 
Otro texto:
Col 4,12: "Os saluda Epafras, vuestro compatriota, siervo de Cristo Jesús, que se esfuerza siempre a favor vuestro en sus oraciones, para que os mantengáis perfectos cumplidores de toda voluntad divina."

Hace días leíamos, me parece que en alguna de las misas celebrada aquí, la página de la Vid y de los Sarmientos. Cómo es bueno traerla a nuestra memoria. Fíjense que el Bautismo y el querer seguir a Cristo es como ser sarmiento de la vid que es Jesús. Es una de las compara- ciones más audaces de Jesús, porque dice: "Yo soy la vid, vosotros sois los sarmientos" (Jn 15,5), pero los sarmientos son la vid, ¿o no? Uno, cuando ve una vid, no dice "aquí está el tronco y aquí están los sarmientos", sino sencillamente "aquí está la vid, la vid". Está for- mada por el tronco, las ramas, las ramitas y los racimos. De tal manera que hay una unidad, una unión estrechísima entre Jesús y cada uno de nosotros. Y lo que es impresionante es que las grandes ramas de la vid, del tronco sobre todo, el tronco no da frutos, ¿o sí? El tronco no da frutos. El tronco echa los ramitos y luego de los ramitos son los que se cuajan con los racimos de uvas, pero, según la parábola, la alegoría de Jesús, un sarmiento que no da fruto y que comienza a secarse... ¿Qué hacemos con las varitas de los naranjos que están secas? Se cortan y se echan a la lumbre. Pero si hay una varita más o menos verde, prometedora, entonces se poda, se le quitan las cosas que amenazan escasez de vida para que toda la savia corra por esa rama y se produzca el fruto. Aquel sarmiento que da fruto, dice la parábola, la alegoría de Jesús: "mi Padre lo poda", para que dé más fruto. Y es entonces cuando nosotros podemos medio entender las tribulaciones que todos tenemos en la vida, queramos o no queramos.
Sería muy triste pensar, "no, yo no quiero ser rama que produzca frutos porque me van a podar, me van a podar, y no quiero ser podado." No, al contrario. Sucede que las podas que da Dios no afectan gran cosa, hombre. Las podadas que nos damos nosotros mismos son las dolorosas. Cuando Jesús nos poda no, está todo muy bien. Es un buenísimo agricultor que sabe cómo cortar, dónde cortar. Y le pone allí una cerita a la parte donde ha cortado, de tal manera que no pasó nada. En cambio las podas que nosotros mismos nos damos, o las que permitimos que nos den los demás, son unas podas horribles. Así que, podados, nadie se escapa de serlo. Pero es mejor ser podados por Jesús que ser podado por los hombres.

La transformación, el amor del Padre y el amor de Cristo.

"El principio y fuente de donde procede este misterio de unión transformadora es el amor del Padre, porque Él nos amó: 'Los amaste como me amaste a mí..., para que el amor con que
amaste a mí esté en ellos y yo en ellos.' cfr (Jn 17, 23.26)"
El amor del Padre, la fuente de esa transformación, pero también es amor que Jesús nos tiene... de ser unos con Él. Y no puede faltar el amor del Espíritu Santo que actúa en nosotros, que está dentro de nuestro corazón.
Saben que el Espíritu Santo, o Jesús, o Dios, o el Agricultor Divino no nos poda desde fuera, sino Él está dentro de nosotros y nos va podando desde dentro. Y es tan interesante las podas que hace el Señor que ni se sienten, porque son una poda que hace en nosotros por dentro.
Pongo un ejemplo, si uno tiene una inclinación y quiere luchar contra la inclinación, como cuando uno lucha contra pensamientos indeseables: 'yo voy a luchar contra mis malos pensamientos' -pues no hago sino recordarlos-. 
Eso es podarnos desde fuera, con voluntad propia, darle muerte directamente a algo que no queremos, y le estamos provocando vida. 
En cambio, cuando Dios actúa, el Señor actúa podando por dentro, ni se da uno cuenta, ni se da uno cuenta, sino que corta y lima y perfecciona por dentro.

Toda esta reflexión fue en torno al crecimiento en Cristo, transformación en Cristo, bajo el influjo del Espíritu Santo: parecernos a Él; llegar a ser semejantes a Él. No podemos nosotros hacer esa obra si no es que el Espíritu Santo la hace en nosotros. En el caso de la Virgen María, el Espíritu Santo la fue transformando más y más en su hijo Jesús. Uno diría: 'Jesús fue transformado en María'. No, María fue siendo transformada cada vez más por la acción del Espíritu Santo, en su hijo Jesús, asociada a su obra. Y, ¿cuál es como el fin, o el resultado de esa transformación? Dar fruto que permanezca. Jesús decía: "Ustedes son mis sarmientos, el que permanece unido a mí, ese da mucho fruto... y el Padre ha querido que déis frutos;... que vuestros frutos permanezcan." (Jn 15, 5.8,16).

Así que ¡ánimo!, dejarnos transformar en Cristo por la acción poderosa, soberana del Espíritu Santo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

HACIA LA UNIÓN TRANSFORMANTE (segunda parte)

HACIA LA UNIÓN TRANSFORMANTE (cont.)

Hay dos o tres imágenes que la doctrina espiritual utiliza para hablar de esta transformación; y una de las imagenes es la imagen del "matrimonio espiritual del alma con Dios" de que habla, por ejemplo, San Juan de la Cruz, Santa Teresa. Es una imagen, pero basada en la Biblia. Hay dos o tres textos en los que se fundamenta esta unión esponsal, matrimonio espiritual. El matrimonio es signo de una madurez en el amor, y las bodas de oro son la ma- nifestación máxima de esa madurez de amor. El libro del Cantar de los Cantares, es uno de los fundamentos de esa imagen de transformación matrimonial.
Otra imagen es la imagen que toma San Pablo imaginando la Iglesia, que somos todos, que son ustedes, la Iglesia como esposa de Cristo, a quien Cristo ama como su propio cuerpo.
Otra imagen, también bíblica, es cuando San Pablo le dice a los Corintios: "Yo os quiero presentar a Cristo como una novia purísima, para Cristo". Entonces, llegar a ser esposas de Cristo, transformación en la imagen del matrimonio espiritual, es una, es una imagen, pues, de un camino espiritual. Claro que, como se trata de realidades espirituales, el varón tam- bién puede utilizar ese lenguaje, aun cuando nos sentimos un poquito mal nosotros, ¿verdad?.

La Biblia utiliza también otras imágenes que es la transformación en Cristo, irnos transfor- mándonos cada vez más en el Señor. Hay unos textos que yo quisiera que ustedes anotaran, que tuviéramos presentes, sobre este hermoso tema de transformación. Y el primero que quiero mencionar es segunda Corintios, capítulo 3 versículo 17 y 18. Se los leo:
2Co 3,17: "El Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor: libertad." Y luego viene el versículo 18:
2Co 3,18: "Pero todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como espejo la gloria del Señor...,"
Escuchemos la imagen: nosotros somos como espejos, no velados, sino sin velo, y, ¿qué hace un espejo?, refleja la imagen
2Co 3,18: "Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como espejos la gloria del Señor, nos vamos transformando (es la palabra más importante), nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos; así es como actúa el Señor, que es Espíritu."
En otros términos, "así actúa el Espíritu del Señor", el Espíritu Santo. El Espíritu Santo que inició en nosotros su obra mediante el Bautismo, la va continuando y va formando en nosotros, transformando esa imagen, o nos va transformando en esa imagen, cada vez más clara, más gloriosa de Jesús en nosotros. Ese es un texto formidable. Hermano de este texto, allí, un poquito adelante, Segunda Corintios 4,6, escribe el mismo Apóstol:
2Co 4,5-6: "No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. Pues el mismo Dios que dijo: (escuchen ahora) 'de las tinieblas brille la luz' (de la oscuridad brille la luz, de la nada brille el ser), ha hecho brillar la luz en nuestros corazones (y, ¿para qué?) para que, a nuestra vez, irradiemos el conocimiento de la gloria de Dios que está en Cristo Jesús.
La frase es un poco complicada. Simplificándola el concepto es éste: Dios que hizo brillar la luz sacándola de las tinieblas, también ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para
que nosotros vayamos irradiando, lanzando cada vez más la gloria de Dios que es Cristo Jesús. En otros términos, una transformación en el Señor Jesús.
¿Qué otro texto a propósito? El grito de San Pablo en Gálatas 2,20, cuando, en su lucha contra aquellos gálatas, hijos ingratos, escribió:
Ga 2,19: "Yo, por las normas de la Ley que he cumplido, he muerto ya para la Ley, de tal manera que no vivo sino para Dios, y estoy crucificado con Cristo."
No puede haber transformación si no es en Jesús, con Jesús, en alguna de las etapas de Jesús. Y continúa:
Ga 2,20: "Y vivo, pero ya no yo, sino es Cristo quien vive en mí."

En nosotros vive Cristo, por nuestro Bautismo, por cada comunión que hacemos. Recuerden 

ustedes la palabra de Jesús en la comunión:
Jn 6,56:"El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él."
El orden que ha utilizado es muy elocuente. No dice "el que come mi sangre... el que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí", o más bien, "vivo yo en él", sino dice "vive en mí." Y, como consecuencia, "y yo también en él". Entonces, cada comunión, cada comunión nos va transformando en ese Cristo Jesús, muerto o resucitado.
¿Qué otro texto además de Gálatas 2,20? Tenemos un texto de Filipenses, capítulo 3, ver- sículo 13 a 16. Y este texto de 13 a 16 es también un texto muy adecuado para nuestro retiro espiritual de estos días. ¿Qué vamos a hacer, que van a hacer a partir de este día?
Flp 3,13: "Yo hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía..."

Esto es: todavía no está con Cristo resucitado en la plenitud de la Resurrección

Flp 3,13: "...Olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús."
No sé cómo sean ustedes, pero hay personas que se encantan con su pasado; traumadas con el pasado, pero no lo dejan. Viven del pasado traumatizante. Y, yo le digo a la persona: "Olvídate". "Pero, cómo me voy a olvidar?" "Entonces recuérdalo, pues." Recuérdalo, vive de los desgraciados recuerdos. Alguna persona me dijo, dice: "Padre, estoy muy descontrolada de esta entrevista, ¿cómo voy a olvidar toda mi vida?" "¡Ah!, no, escríbela y vívela otra vez." 

No¡, no vivas traumada, no vivas traumada. Porque una cosa es no olvidar, no se puede olvidar, no se puede olvidar, y otra cosa es vivir del del recuerdo. Para eso mejor irse a Jardines del Recuerdo. Y del Recuerdo. "¿Cómo voy a olvidar las ofensas que me han hecho? No puedo. No es digno de mi condición de mujer olvidar todas las afrentas que me han hecho y que he sufrido." 
"Vive del recuerdo, pues." 
No¡...., y hay una cosa, olvidar, olvidar no podemos; olvidar no se puede, pero lo que se puede es no vivir eternamente de ese recuerdo. Y si es necesario, cuando se vive de ese recuerdo lo mejor es perdonar, perdonar. "Pero, ¿cómo voy a perdonar?, si eso va a ser para mí una derrota. Perdonar, para mí, es ser derrotada y admitir una derrota." Yo me atrevo a decir, a veces: "Admite esa derrota. No es, pero admítela, ya que quieres llamarlo así. Admite la derrota, como la admitió Jesús que dijo 'Perdónalos porque no saben lo que hacen.' (Lc 23,34) Y Jesús, con esa palabra, de ninguna manera salió derrotado, al contrario, fue su camino para su glorificación. Él perdonó. Yo creo que no olvidó que Judas y que los judíos y que los romanos y que los soldados le habían quitado la vida, eso no podía olvidarlo. Pero el perdonó. Hay dos cosas cuando decimos 'perdono y no olvido'. Esa palabra se entiende de dos maneras: 'perdono y no quiero olvidar'; entonces equivale a no perdonar. Pero 'perdono, pero no olvido', pues es natural. No se puede olvidar una cosa sufrida, pero ya no molesta, ya no molesta. Estuvo eso, el recuerdo sigue, pero ya no me inquieta. Eso ya está liquidado totalmente. Y es a lo que se refiere aquí San Pablo cuando dice:
Flp 3,13: "Olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante." ¿Para qué?
Flp 3,14: "... corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios me llama en Cristo Jesús."
Y así también debe, debe, debe suceder con nuestras faltas, con nuestros pecados. Hay que tener una confianza de verdad, en fe, de que Cristo nos ha perdonado y no hay que estar eternamente, eternamente pensando en los mismos pecados y confesando los mismos peca- dos como si no hubieran sido perdonados por Dios. Y muchas veces vive uno bajo la carga de un pecado que ya no existe. Pero, si existe, es porque uno mismo lo está provocando. Jesús, cuando perdona, perdona de verdad.
Y el versículo 15 dice así:
Flp 3,15: "Pues así, todos los perfectos...

Esto es nosotros, no quiere decir perfectos en el sentido de haber alcanzado la perfección,

sino perfectos por el conocimiento que hemos adquirido de las cosas espirituales.
Flp 3,15: "... todos los perfectos tengamos estos sentimientos, y si en algo sentís de otra manera, también eso os lo revelará Dios."
La persona que tenga inquietudes sobre lo que estoy diciendo, ya se lo revelará también Dios.
Flp 3,16: "Por lo demás (en final de cuentas), desde el punto a donde hayamos llegado,
sigamos adelante."


domingo, 24 de agosto de 2014

RETIRO DE ORACIÓN Y VIDA (cont.7)

HACIA LA UNIÓN TRANSFORMANTE (primera parte)*
...una imagen que se que se utiliza mucho es "crecer en Cristo". Es diferente a "crecer al impulso del Espíritu" a "crecer en Cristo". Pero no puede haber un crecimiento en Cristo en nosotros si no es creciendo bajo el impulso, el soplo del Espíritu Santo en nosotros. Ya con que saliéramos esta tarde con esta convicción de el papel imprescindible de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida para ser lo que somos y para llegar a ser lo que debemos ser, ya sería una gracia muy grande, salir con esa convicción de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.
El tema que quiero desarrollar brevemente en esta tarde lo tienen allí ustedes anotado.
HACIA LA UNIÓN TRANSFORMANTE
tema que encontramos en la página 63 del libro "Sed de Dios"
Jesús tenía en sus labios una parábola, la Parábola del Grano de Trigo en el Evangelio de San Marcos, del grano de trigo que va creciendo por sí solo, sin que se dé cuenta el agricul- tor (cf. Mc 4,26-29). Lanzó el grano de trigo en el campo y, sin que él vuelva hacer nada, si lo siembra en tiempo de agua (en el tiempo de Jesús no había canalización; el agua que nor- malmente mandaba Dios del cielo era el que servía para fecundar la tierra), entonces, una vez lanzado el trigo, el agricultor, el sembrador no sabe más, esperanzado a la lluvia que viene del cielo. Y entonces es un misterio de vida fantástico el que vive un granito de trigo, o una multitud de granos de trigo enterrados en la tierra, sin saber ni cómo, ni cuándo, ni a qué horas, en aquel silencio y en aquella obscuridad de la tierra, el granito va desarrollán- dose y, finalmente, con un poder fortísimo, rompe el grano, rompe la tierra y comienza a verse algo medio blanco, medio verdecito; es el tallo del primer grano de trigo fecundado, que tiene un vigor grande. Se da cuenta el agricultor: "¡Ya viene!", y no tiene nada más qué hacer. Pasa la mañana, pasa la tarde, un día, otro día, y aquel grano de trigo sigue cre- ciendo hasta transformarse, según la parábola, en una espiga cuajada de fruto.
¡Qué hermosa imagen la de Jesús! Es una parábola que Jesús emplea para describir el mis- terio del Reinado de Dios en nosotros. Cuando lo dejamos reinar en nuestro interior, ¿qué es lo que sucede? El Reino de Dios es como una semillita, plantada por Jesús en nuestro corazón, que va dando fruto si es que no le pasa por allí un pie ingrato que aplasta la semi- llita, o si no pasa también un aparato de esos modernos que se lleva todo sin darse cuenta de lo que corte.
Pero la historia de ese granito de trigo es como un símbolo de lo que puede suceder en nosotros: algo nuevo, algo nuevo, algo novedoso está sucediendo en nuestra vida. Así es. Si estamos aquí es signo de esa novedad. ¿Cuál puede ser, cuál puede ser , en nuestra vida, el resultado de un día como éste o de un día como éstos, como tantos en la vida, cuando nos abrimos a la acción de Dios? Podemos ser como el grano que sufre una transformación. 

San Pablo, para ilustrar el cuerpo nuevo de la resurrección, acudía a la imagen de las semillas.
Dice: "Sembramos una cosa y esa cosa que sembramos, de tal manera se transforma, se transforma, que de la semilla misma sembrada brota otra realidad, otra realidad pero que es la misma realidad. No brota una semilla, sino brota una planta, pero de esa semilla." (cf. 1Co 15).
Así también en nosotros, gracias a la semilla sembrada de vida eterna en nosotros, sem- brada por el Espíritu Santo y bajo el rocío, el agua, la humedad, la acción de ese mismo Espíritu Santo, esa semilla de la vida divina va creciendo, se va transformando; y si la dejamos puede llegar a convertirse, según la imagen, en una espiga grande cuajada de fruto. En otros términos: la semilla se transformó. La semilla quedó transformada como en otra realidad, pero no ajena a su propia naturaleza, sino que la semilla aquella estaba destinada, aquella semilla estaba destinada a transformarse, a convertirse, a llegar a ser una espiga cuajada de fruto. Fíjense que esta imagen tomada del campo, del misterio de la creación, es ya digna de admiración: ¿cómo es posible eso?
Yo recuerdo que, estando en Colombia, si ya nuestra tierra es fértil y hablamos de México con un amor grande por su riqueza, "el cuerno de la abundancia", aún cuando sea puro desierto en el norte, pero es "el cuerno, cuerno de la abundancia". Los países cerquita, cerquita del trópico, como es Venezuela, como es Colombia, nos llevan, nos llevan de calle en fertilidad y en fecundidad.  Ahí donde yo viví, Medellín "de la eterna primavera", como nosotros decimos de Cuernavaca, allá sí que es de eterna primavera, porque la temperatura más baja es 15 grados, no bajo, sino sobre cero; y la más caliente es 35. Pues muy bien. Un margen de 20 grados, y entonces qué es lo que se produce... y agua, agua, agua. No de días feos, sino de aguas torrenciales: caen y el sol vuelve a nacer. Entonces se produce que los jardines, las orquideas, siempre todo el año están floreciendo. Los rosales dan tres o cuatro veces por año flores. ¡Y la fruta! La fruta no es anual, sino tal, igualmente, dos o tres veces al año. Y una vez fui a Cartagena y me regalaron unos mangos que les decían "mangos de azúcar", pequeñitos, deliciosos. Claro que nosotros decimos "no hay mangos como los de manila" . ¿Qué podemos nosotros decir? Pero aquellos mangos en el trópico, con agua, es algo especial. Me regalaron una bolsa de manguitos, me la llevé, y tuve la curiosidad de, algunos huesitos sembrarlos allí en el jardín de donde yo estaba. A los quince días estaban ya acechando las plantitas ¡Increíble, increíble! Nada más que yo no iba a vivir allí eternamente.  Pero, ¿qué sucedió con los manguitos? Yo salía, de vez en cuando, a ver cómo iba el producto de aquellos mangos de azúcar. Pero pasó allí la máquina cortadora de pasto y desaparecieron los manguitos. Oigan, que no nos vaya a pasar una máquina cortadora que elimine en nosotros la obra de Dios.

¿Cuál es la obra de transformación como la espiga, respecto al grano de trigo? Es lo que llamamos la "Transformación en Cristo". Estamos llamados a ser transformados en Cristo.

Lo que resta del 2014 estaremos presentando cada 15 días la transcripción de las conferencias del Retiro de Oración y Vida que el P. Salvador Carrillo Alday, M. Sp. S., nos dió en el 2001. El contenido lo podemos encontrar en su publicación Sed de Dios pero aquí exponemos la sencillez y profundidad de sus explicaciones al darnos el retiro.

domingo, 10 de agosto de 2014

RETIRO DE ORACIÓN Y SILENCIO (cont.6)

LIBERTAD CRISTIANA: LIBRES DEL PECADO. LIBRES PARA DIOS
"El hombre lleva en lo más hondo de su ser un imperioso anhelo de libertad." Pero, ¿qué quieren? El hombre se entrega, a veces conscientemente, a veces inconscientemente a la esclavitud, a las cadenas de sus propias pasiones, a las ataduras del propio pecado. El siguiente párrafo es importantísimo:
"La verdadera y plena libertad no consiste en ser libre respecto de otros, no consiste en ser libre de otros, sino en ser libre de las cadenas propias y personales."
Nosotros somos como esclavos de nosotros mismos. Muchas veces de nuestros gustos, de nuestras maneras de ver, de nuestras opiniones. Es bueno tener opiniones personales, pero es diferente ser esclavos de nuestras opiniones. Y entonces uno sufre mucho, porque si yo pienso de una manera y mi compañera piensa de otra manera, entonces vivo angustiosamente, porque no esclavizo a mi compañera con la idea de la que soy yo esclava. Quiero que la otra persona sea tan esclava como yo de mi propia idea. En cambio, dice uno, no, yo no quiero ser esclavo de mí misma ni de mis ideas, entonces soy libre y tengo mis ideas, pero no esclavizado por ellas.
Jesús es nuestro liberador. "Él me ha enviado, dice Jesús, para proclamar la liberación a los cautivos." (Lc 4,18) Y fue el proyecto de acción de Jesús: liberar a los cautivos. Si Jesús nos liberara este día de alguna cosita que debemos ser libres. Y, ¿saben?, sobre todo una cosa: que nos dé como la luz para descubrir nuestras esclavitudes. Jesús es el Gran Liberador, Maestro de la Verdad.
Jn 8,32: "Si conocéis la verdad, la verdad os hará libres."
Y allí mismo, en el siguiente párrafo dice:
Jn 8,36: "Si el Hijo os hace libres, seréis libres en realidad." ¡Qué felicidad si el Señor nos hace libres!
Jesús, Víctima de expiación. No insisto en esto, pero Él nos hizo libres, sobre todo libres del pecado, dando su vida por nosotros.
En la libertad juega un papel importantísimo el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Espíritu de la libertad. El Espíritu Santo es agua divina que lava:
Ez 36,25: "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados."
El Espíritu Santo es agua purísima que lava. ¡Más aún! El Espíritu Santo es fuego ardentísimo que purifica. Y cuando el Espíritu Santo nos lava, cuando el Espíritu Santo como fuego nos purifica, entonces nos hace libres de pecado, nos hace libre de escorias que deja el pecado y entonces gozamos de verdad de libertad.
Ga 4,6-7: "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que grita: ¡Abbá, ¡Papá! De modo que ya no eres esclavo sino hijo, y si hijo también heredero de Dios."
La tarea purificadora del Espíritu Santo, o liberadora del Espíritu, nos acompaña en todos los momentos y circunstancias de nuestro caminar. Nadie diga. "A mí ya me liberó el Espíritu Santo." Espérate, no sea que mañana te esclavices y tenga nuevamente que liberarte, ¿verdad? La libertad que nos da el Espíritu es una obra contínua.
Al final de ese número 3: "El Espíritu Santo y la libertad", está la palabra de San Pablo:
2Co 3,17: "Donde está el Espíritu del Señor, allí está libertad."
Cristo nos quiere libres.
"La primera esclavitud es la que nace de sistemas y estructuras opresoras y se da en el campo político, económico, social, cultural." Ojalá Dios nos libere de eso, pero muchas veces uno no puede liberarse de esas cosas. Está metido en un sistema.
"La segunda es la esclavitud que se origina en nuestro propio interior y viene, o del pecado"
- En el número cuatro, párrafo segundo.
"La segunda es la esclavitud que se origina en nuestro propio interior y viene, o del pecado personal o bien, atención, de un régimen de leyes humanas, cúmulo de normas que nos imponen, o nos imponemos y que sofocan la libertad del Espíritu."
No nos sofoquemos con cosas que nos impongamos, ni nos dejemos sofocar por otras personas. Hay alguna persona líder y estructurada, y entonces hace su estructura, ella misma se esclaviza en su estructura, pero se siente sola, y entonces comienza un trabajo de persuasión y, como es líder, entonces comenzará su ejército de esclavas. Y es tristísimo eso, porque entonces no soy esclavo yo de Dios, sino soy esclavo de una persona; y ni siquiera de la persona, sino del cúmulo de cosas que esa persona me ha impuesto.
Libertad no quiere decir libertinaje (eso lo dejamos aparte), y en el número 6: "LIBRES PARA LA SANTIDAD".
Es muy importante esto: Libres del pecado, libres para Dios. Libres de, pero libres para. "La libertad del pecado y de normas sofocantes no propicia, o no debe propi- ciar inercia, inactividad, egoísmo, pereza," no trabajar, déjeme libre, y entonces, cuando uno no trabaja, siendo libre, cae en la esclavitud de la pereza. Así que la esclavitud por cualquier lado nos acosa.
"El cristiano, liberado de los impedimentos que lo ataban, se ve capacitado para dedicarse con fervor a otro servicio: al servicio de Dios y al servicio de los hermanos."
Comenzando por el compromiso de la propia casa de la propia familia. Es la realización de esa palabra de San Pablo:
Ga 5,6: "La fe actúa por la caridad."
En el número 7 subrayo nada más dos conceptos:
Jesús nos quiere libres, libres interiormente de nuestros pecados, de nuestras inclinaciones, de nuestro yo, de nuestro egoísmo; porque todas esas esclavitudes impiden nuestra felicidad. Yo lo que quiero de ustedes es que sean felices. Lo que ambiciono es que sean felices. Y si Dios nos concede la gracia de la verdadera libertad, que no es ociosidad ni libertinaje, no nos dejemos nuevamente oprimir bajo el yugo de la esclavitud.
San Pablo habla de las armas de la luz y de las armas de Dios. ¿Cuáles son esas armas de la luz? Cito el texto porque es un texto bueno, aun cuando no quiero proponerlo como un programa de trabajo:
Ef 6,14-17: "¡De pie!, pues, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, tomando el yelmo de la salvación, la espa- da del Espíritu que es la Palabra de Dios."
Cada quién pídale al Espíritu Santo cuáles son las virtudes o las armas con las cuáles cada uno de nosotros debe adquirir la libertad de los hijos de Dios.
Resumiendo este tema: Dios nos ha llamado a ser libres. ¿Fundamentalmente libres de qué? Libres del pecado.
Segundo: libres de preocupaciones innecesarias. ¿Se entiende esto? Le pido al Espíritu Santo que les dé luz a cada una para que se aplique las palabras que estoy diciendo: libres de preocupaciones innecesarias.
Tercero: la libertad no se opone al intenso trabajo por cumplir la voluntad de Dios en el estado en que Él nos ha colocado. La libertad no es flojera. La libertad invita a la actividad.
En definitiva, la palabra del Apóstol con la que comenzábamos esta reflexión dice:
1Co 7,32: "Yo los quisiera libres de preocupaciones."

¿Para qué? Para cumplir la voluntad de Dios y para el servicio y la gloria de Dios y de nuestros hermanos.

Lo que resta del 2014 estaremos presentando cada 15 días la transcripción de las conferencias del Retiro de Oración y Vida que el P. Salvador Carrillo Alday, M. Sp. S. , nos dió en mayo del 2001. El contenido lo podemos encontrar en su publicación Sed de Dios, aquí expondremos la sencillez y profundidad de sus explicaciones al darnos el retiro.  No olvidemos antes de entrar al tema hacer una invocación al Espíritu Santo para que  realice su obra en nosotros.