jueves, 23 de mayo de 2019

RAÍCES BÍBLICAS DEL BAUTISMO (segunda parte)


      En el sacramento del bautismo, hay que distinguir un elemento material y sensible: el agua que corre por la cabeza de la criaturita. Pero, juntamente con el agua, -elemento sensible y material-, hay un elemento espiritual y formal que le da sentido a esa agua que corre. Y las palabras que se dicen cuando corre el agua, son las del mandato de Jesús: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
     Y bautizado, ¿qué quiere decir bautizado? Quiere decir “consagrado”; bautizado, consagrado, tomado aparte para alguien. Y siendo bautizados en el nombre del Padre y del  Hijo y del Espíritu Santo, quiere decir que estamos consagrados a Dios Trinidad.
    Y ¿ qué supone que una criaturita sea llevada a la Iglesia y reciba el bautismo? Uno piensa: Pues que su papá y su mamá estuvieron de acuerdo, y si no estuvieron de acuerdo es capaz porque la tía se llevó a la criaturita y la bautizó, o sencillamente sólo porque, ¿cómo no lo voy a bautizar? Y muchas veces se queda en eso…..
    No pensamos que si la criaturita así como vino al mundo porque Dios Creador entró en acción para crear el alma humana que le da vida al cuerpo, así ahora Dios entra en actividad cuando cae el agua sobre la criaturita porque primero, ha amado a esta criaturita desde toda la eternidad, somos objeto del amor de Dios, él nos ha amado.
   Segundo, cuando se ama, se elige a una persona. ¿Por qué elegiste a esta persona para ser tu pareja? Por el amor. Al amor de Dios, sigue la elección de Dios. Dios nos ama y nos ha elegido. Y al ser amados por Dios y al ser elegidos, somos transformados en propiedad de Dios, somos de Dios. Por lo tanto, el bautizado es un ser que no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a Dios.
    Díganme ustedes, ustedes, ¿se dieron a sí mismos su cuerpo? No. Lo recibimos. Pregunta todavía más misteriosa: ustedes ¿se dieron a sí mismos el alma espiritual que nunca va a morir, a desaparecer? De tal manera que en el fondo, fondo, fondo, somos propiedad de quien nos comunicó la vida. Y esa propiedad, somos de Dios, criaturas de Dios, propiedad de Dios, quedó confirmada el día de nuestro bautismo.
     Dos o tres palabras más facilitas sobre éste tema. El bautismo lo instauró Jesús. Pero en el judaísmo, los bautismos eran ritos frecuentes pidiendo la purificación de los pecados. El agua naturalmente sirve para lavar; tal vez el primer elemento es para comunicar vida, pero después de comunicar vida, el agua sirve para purificar. Entonces los ritos bautismales de purificación material es fácil de comprenderlo, pero si uno quiere y en la antigüedad si quería ser purificado del pecado, entonces se sujetaban a un rito bautismal con agua, porque el agua es un elemento material sensible que puede indicar una purificación espiritual.
     El elemento exterior es signo sensible de algo más interior. Cuando se bautiza al chiquito, casi ni sería necesario que le cayera el agua para purificarlo, va limpiecito, va bañadito, ¿para qué le echa agua? De tal manera que en el caso del bautismo el agua que corre no es para lavar un cuerpecito sucio, sino por lo que el agua profundamente significa, una purificación interior.
    Y entonces, en todos los bautismos y en todos los ritos de todas las religiones, el agua ha sido tomada como un elemento externo, símbolo de una purificación. Y en tiempo de Jesús, había en el judaísmo, innumerables bautismo.
    Tercer, en los tiempos de Jesús proliferaban los bautismos. Y cito allí un lugar. Las personas que han ido a Tierra Santa, posiblemente visitaron las ruinas de Qumrán, una comunidad judía contemporánea de Jesús, y lo que impresiona, o una de las cosas que impresionan en ese sitio arqueológico es el número enorme de piscinas: una piscina por aquí, otra piscina por allá, agua por todas partes en un desierto donde no hay agua. Pero sí había agua. No me detengo en explicarles con qué sistema conseguían el agua. Pero nada más quiero subrayar la importancia de los bautismos en el tiempo de Jesús.
Y con eso pasamos al cuarto punto: Dios confió a Juan Bautista el ministerio de bautizar, pero con un bautismo especial. Entonces tengan en cuenta esto: Una cosa es el rito sensible, material de echar agua o sumergirse en agua; pero lo más importante es ¿para qué? El por qué, la finalidad.
    Y entonces, Dios al confiarle a Juan Bautista el ministerio de Bautizar, lo hizo con una doble intención propia, peculiar. De tal manera que el bautismo que impartía Juan el Bautista era diferente de todos los otros bautismos del judaísmo contemporáneo. Y los elementos eran dos: Dios mandó a Juan Bautista a bautizar, con un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Hermosa frase y definición: El bautismo de Juan era un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Segundo elemento: Y ¿por qué? ¿Para qué en este instante el perdón de los pecados? Y es el segundo elemento. Porque Dios le había comunicado a Juan Bautista que ya estaba en medio del pueblo el Mesías esperado; y que para preparar la venida y poderlo escuchar, se necesitaba un corazón limpio y purificado. La misión pues del bautista fue: impartir un bautismo de conversión para perdón de los pecados como preparación para la venida ya inmediata, del Mesías enviado por Dios al pueblo de Israel, en beneficio de toda la humanidad. Por eso, el bautismo de Juan Bautista era diferente a los otros ritos semejantes de agua que purificaba.

*Conferencia del P. Carrillo sobre el tema,  disponible en cd en el IPB-SCA.



miércoles, 8 de mayo de 2019

RAÍCES BÍBLICAS DEL BAUTISMO*


INTRODUCCIÓN:

   Debo decirles que el Bautismo de entrada, es la gracia de las gracias; es lo máximo. Pero siendo la gracia de las gracias y lo máximo, es muy difícil comprender el bautismo nuestro. ¿Qué cosa es el bautismo? Les pongo un ejemplo que más o menos ilustrará: el misterio de la propia vida nuestra. Nosotros somos conscientes de que vivimos, y alimentamos nuestra vida, pero muy raramente pensamos, bueno, y ¿quién soy yo? Y ¿cómo fui formado en el seno de mi madre? Y ¿por qué tengo estas características? ¿Y cómo se fue formando mi cuerpecito dentro del vientre materno? Pero todavía, más enigmático y ¿cómo se fue formando el principio espiritual que da vida a mi cuerpo y que es el alma? Y si Dios no manda el alma, en el momento de la unión de la célula masculina y femenina, no hay vida. Si misterioso es nuestro cuerpo, más misteriosa es nuestra alma, nuestro espíritu. Pensar en cómo vine yo al mundo, cómo estoy destinado a la eternidad para siempre por los siglos de los siglos, porque si hablamos con profundidad la muerte no existe; la muerte es un paso de vida: Termina una vida y comienza otra. De tal manera que ya nuestra situación humana es una situación misteriosa. La vivimos fácilmente, pero ¿qué somos?, ¿de dónde hemos venido?, ¿a dónde vamos?

Son las principales preguntas más profundas del ser humano. Y poco pensamos en ellas.

    Analógicamente así como somos un misterio para cada uno de nosotros mismos, nuestro principio de ser cristianos, el bautismo, también es una realidad grandiosa, en la que difícilmente pensamos y más difícilmente comprendemos. ¿Qué puntos quiero tocar sobre este tema realmente fundamental?

     En primer lugar debo decirles que personalmente me da mucho gusto, pero mucho, mucho gusto, hablar de este tema. No sé si yo lo comprenda, y por lo tanto, menos sé si me van a comprender, claro, porque si yo mismo no entiendo, ¿quién me asegura que me van a entender? Pero como es lo máximo, lo máximo de la vida, debemos tratar como de barnizar un poco la grandeza de nuestro bautismo.

La orden de ser bautizado es el último mandato de la vida de Jesús. En el evangelio de san Mateo, en el capítulo 28 versículos 18-20:

“Me ha sido dado”, Jesús ha resucitado y afirma: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”, Jesús es pues el Señor absoluto, Señor de cielos y tierra, y por lo tanto, “id y haced discípulos a todas alas naciones”,

el bautismo es un don de Dios destinado para todas las naciones. Y ¿cómo hacer a todas las naciones discípulos de Jesús? Mediante dos elementos:

1.      Primero, “bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, y afortunadamente todavía nuestra sociedad moderna, post moderna, actual, que siempre estará en evolución, este elemento del bautismo se ha preservado, lo seguimos aplicando (tal vez y desafortunadamente sólo como un rito) así Dios lo ha querido preservar en un gran porcentaje en las poblaciones cristianas.

2.      Pero Jesús no ordena solamente el bautismo para ser discípulo de Jesús, sino otro elemento. Y este segundo elemento sí que lo hemos descuidado enormemente. El texto completo es: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el  nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo lo que yo os he mandado”. Y este segundo tema es el muy olvidado en nuestra sociedad cristiana en la que vivimos.

   Primero, ¿qué es lo que nos ha mandado? Segundo, aprenderlo. Tercero, vivirlo. Y este texto fundamental de Jesús termina con una palabra grandiosa, una palabra que debe caer en el corazón de cada uno de nosotros: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. El auxilio divino, la protección divina, la gracia divina está asegurada. ¿Qué nos toca a nosotros entonces? Nada más abrir los brazos y decirle a Dios: “Recibo estas gracias que tú me ofreces, que tú me regalas”. 

El bautismo fue el último mandato del Señor.


*Conferencia del P. Carrillo sobre el tema,  disponible en cd en el IPB-SCA.

martes, 16 de abril de 2019

CONCLUSIÓN DEL DISCURSO DE LAS PARÁBOLAS DE MATEO


¿Entendisteis todo esto? Le dicen: Sí.
Luego el les dijo: 'Por eso, todo escriba,
hecho discípulo del Reino de los Cielos,
es semejante a un hombre, Señor de casa,
que saca de su cofre, cosas nuevas y cosas viejas'":
Mt 13,51s.

La perfecta estructuración del Evangelio de Mateo y sus alusiones constantes al Antiguo Testamento ponen de manifiesto que su redactor era un hombre versado en las Escrituras Sagradas; en otros términos, "un escriba que, abrazando la nueva fe, se había hecho discípulo del Reino".

Pues bien: su nueva condición no lo había obligado a deshacerse de su antigua riqueza religiosa; antes bien, su caudal se había aumentado.

Siendo así, puede sacar de su cofre, como joyas valiosas, las cosas que había aprendido antes y los conocimientos nuevos que ha adquirido al hacerse ciudadano del nuevo Reino.

El último versículo del Discurso de las Parábolas podría ser la firma discreta del redactor del Evangelio de Mateo.



Salvador Carrillo Alday M.Sp.S. LAS PARÁBOLAS DEL EVANGELIO. pág. 67. México, LA CAMPANA. IPB 2011.



martes, 2 de abril de 2019

PARÁBOLA DE LA RED: Mt 13,47-50.


Nueva parábola propiedad de Mateo:

         "De nuevo, semejante es el Reino de los cielos a una red lanzada al mar, y que ha recogido de toda clase...; la cual, cuando se ha llenado, habiéndola sacado a la orilla, y sentados, recogieron los buenos en cestos, y arrojaron fuera los malos... ": vv. 47-48.

Esta traducción dura del texto griego hace presentir que un original arameo debió estar en la base.

Una imagen de la vida diaria. La parábola nos transporta fácilmente a orillas del Lago de Genesaret, donde Jesús enseñó tantas veces y donde llamó a sus primeros discípulos: Simón y Andrés, Santiago y Juan: Mc 1,16-17.

Aún en tiempos actuales, los pescadores lanzan sus redes en el Lago en busca de peces. La grande red, arrastrada hasta la orilla, trae toda suerte de peces: comibles y no comibles, puros e impuros: Lv 11,9-12; y en esa forma, es necesaria una selección: los buenos serán puestos aparte, los malos serán arrojados fuera.

Lo mismo pasa con el Reino de los Cielos. La comparación está no tanto en la red que contiene peces buenos y malos, cuanto en el momento de la selección última

La parábola es, pues, de carácter escatológico: en el Reino de los Cielos habrá buenos y malos, pero al fin tendrá que haber una separación. Es, más o menos, el tema desarrollado ya en la parábola del trigo y de la cizaña.

El texto continúa:
          "Así será en la consumación del siglo: saldrán los Ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos, y los arrojarán en el horno del fuego; allí será el clamor y el crujir de los dientes": vv. 49-50.

Estos versículos se presentan como una réplica de la explicación de la parábola del trigo y de la cizaña: vv. 41-42. Esto aparece claro en el hecho de que el verbo "saldrán" es aplicable a los segadores pero no a los pescadores; y que "el arrojar al horno de fuego" puede convenir a la cizaña pero no a los peces malos.

Ahora bien, si en aquella parábola esos versículos eran una aplicación alegórica, obra de la Iglesia antigua; lo mismo hay que decir aquí: se trata de una interpretación alegórica de la parábola primitiva. La Iglesia antigua (y Mateo nos lo ha comunicado) quiso imprimir en la parábola de Jesús un valor exhortativo, con el fin de hacer vivir con integridad la doctrina moral cristiana y eliminar, con el recuerdo del Juicio final la falsa seguridad en la que podrían vivir algunos cristianos apegados a sus vicios: cfr 1 Co 6,9-11,12-20; Ga 5,19-21; Ef 4,17-24.

Salvador Carrillo Alday M.Sp.S. LAS PARÁBOLAS DEL EVANGELIO. pág. 65-66. México, LA CAMPANA. IPB 2011.