jueves, 20 de agosto de 2015

15. El ciego de Betsaida (Mc 8,22-26).

1. Ambientación.

Antes de la curación del ciego de Betsaida, Marcos presenta en su evangelio dos pasajes: una discusión con los fariseos, que piden una señal del cielo; y luego una enseñanza de Jesús sobre la levadura de los fariseos y de Herodes (8,11-21). El contenido es importante. Los discí­pulos, a pesar de los milagros que ha obrado el Maestro, no han comprendido ni entendido nada. Tienen la mente como embotada. Teniendo ojos, no ven; y teniendo oídos, no oyen. En estas circunstancias, Jesús va a sanar a un ciego.
Es un milagro parecido a la sanación del sordo-tarta-mudo, y sirve también como aquél para dar una enseñan­za precisa.

 2.   Sanación del ciego.

Jesús está de nuevo en la tierra de Israel. Después de un ir y venir por el Lago, por la tierra de Tiro y de Sidón, y nuevamente por el Mar de Galilea, llega finalmente a Betsaida (Mc 6,45.53; 7,24.10.22). Betsaida estaba situada en la ribera norte del Lago, al este del Jordán, y era la patria de Pedro, Andrés y Felipe (Jn 1,44; 12,21).
22 Llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que lo toque. 23 Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y, habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: "¿Ves algo?" 24 El, alzando la vista, dijo: "Veo a los hombres, pues los veo como árbo­les, pero que andan". 25 Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas. 26 Y le envió a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo ".
Una vez más está en juego la fe de los amigos, quienes presentan a Jesús un ciego para que lo toque. Es una oración de intercesión. Colocado este episodio en el con­texto presente, el "ciego" es figura de los discípulos que espiritualmente deben abrir los ojos, comprender, enten­der, desembotar la mente y oír (crf Mc, 8,15-21). Pronto Jesús hablará del misterio de su pasión y resurrección. Ellos deberán abrir su mente y ¡creer! (Mc 9,30-32).
Jesús utiliza una vez más los elementos de su ser hu­mano: toma al ciego de la mano, lo saca fuera, le pone sa­liva en sus ojos y le impone las manos. Y luego le pregunta: "¿Ves algo?" A lo que el enfermo responde: "Veo a los hombres como árboles que andan". Esta respuesta hace suponer que aquel ciego había gozado anteriormente de la vista, pues conocía a los hombres. Después de una segunda interven­ción de Jesús, el ciego pudo ver claramente.
Jesús, que con su poder absoluto ha sanado con una sola palabra (Mc 1,41) o inclusive a distancia (Mc 7,25), en este caso hace con toda intención una curación progresiva en dos tiempos. ¿Cuál es el porqué de estos gestos misteriosos?
Ante la incomprensión de los discípulos, —aun des­pués de la segunda multiplicación de los panes—, Jesús ofrece en este ciego, que recobra la vista en dos tiempos, un símbolo de los pasos y superaciones que los discípulos tienen que ir dando para llegar a una fe "plena y clara" en el misterio de su persona: él es el Mesías y el Hijo de Dios, pero también es el Hijo del hombre, que tiene que pasar, -como el Siervo de Yahveh-, por el sufrimiento y la muerte a la gloria de la resurrección. Este misterio lo comprende­rán sólo cuando él haya resucitado de entre los muertos (Mc 8,31-33; Lc 24,45-46).
Además, la sanación del ciego y luego la confesión que Pedro hace de Jesús como el Mesías (8,27-30) ponen término a una sección del Evangelio de Marcos e introdu­cen la siguiente que tiene como tema la identidad de Jesús: Hijo del hombre, Hijo de David, Hijo de Dios.
El ex-ciego no debe entrar en el pueblo; se debe guardar el secreto mesiánico. Pero, como el ex-endemoniado (Mc 5,19), ¡que regrese a su casa y proclame a los suyos lo que Dios ha hecho con él y la compasión que le ha tenido!

ACTUALIZACION

                                                                                              Jesús:
Estamos espiritualmente ciegos y no podemos comprender ni el misterio de tu persona, ni tu plan de salvación, ni los signos de los tiempos. 
Llévanos de la mano, sácanos de la oscuridad, Impon tus manos sobre nosotros, abre poco a poco los ojos de nuestro espíritu y envíanos luego a proclamar las maravillas de tu misericordia. Amén.

viernes, 7 de agosto de 2015

14. Segunda multiplicación de les panes (Mc. 8,1-10; Mt 15,32-39).

1.   Hacia la profesión de fe de Simón Pedro (Mc 8,1-30).
  
El conjunto literario de Mc 8,1-26 presenta un nota­ble paralelismo con la sección precedente (Mc 6,30-7,37):
-  Una multiplicación de panes                  6.30-   44           8,1-9
-  Una travesía del mar                              6,45-56             8,10
-  Controversia con fariseos                      7,1-23               8,11-13
-  Discusión sobre el pan                          7,24-30             8,22-26
-  Una curación                                         7.31-  37            8,22-26

Mateo ofrece  más o menos la misma situación. Lucas (9,17-18), en cambio, ignora la sección que leemos en Mc 6,45-8,26; y de allí que consigne sólo una multiplicación de panes. Por su parte, también el Cuarto evangelio nos ha conservado el recuerdo de una sola multiplicación de los panes (Jn 6,1-15)
Ante situación, numerosos especialistas piensan que Mc 8,1-26 no es probablemente sino un duplicado literario más antiguo de Mc 6,30-7,37; y que, repre­sentan una tradición anterior al mismo evangelista,   él ha querido integrarla a su obra definitiva.

2.   La multiplicación de panes y peces.

8,1 Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: 2 "Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. 3 Si, los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos". 4 Sus discípulos le respondieron: "¿ Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?" 5 El les preguntaba: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos le respondieron: "Siete". 6 Entoncess él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. 7 Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronun­ciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. 8 Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. 9 Fueron unos cuatro mil: y Jesús los despidió. 10 Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.
El paralelismo de esta narración con la primera multiplicación de los panes es evidente. Las diferencias son accidentales: tres días de estar con Jesús, siete panes y siete espuertas, cuatro mil hombres.
Aun cuando el relato de la segunda multiplicación de los panes sea un duplicado, sin embargo, al consignarla en sus evangelios Marcos y Mateo tuvieron un motivo: quisieron transmitir un mensaje doctrinal, a saber: la segunda multiplicación de los panes es un anuncio feliz en favor de los gentiles. Jesús ofrece a los paganos no solamente "las migajas de los hijos", sino la sobreabundan­cia del banquete eucarístico. También los gentiles, llega­do el tiempo, recibirán el don de la fe-, de la salvación, de la Eucaristía.
La mención de los tres días revela un coiorido pos-pascual. La cifra 4, multiplicada aquí por mil, es símbolo de los cuatro puntos cardinales y del universo entero. En la Iglesia de Jesús son invitados al banquete eucarístico judíos y gentiles, hombres y mujeres.
Las dos tradiciones describen el milagro a la luz de acontecimientos del AT, particularmente la multiplica­ción de aceite y pan por Eliseo (2R 4,1-7.42-44), y el episodio del maná y de las codornices (Ex 16; Nm 11). Así se mostraba que en Jesús se realizaban esos textos que, en el judaismo de la época, eran releídos como anuncio de grandes obras de Dios y del Mesías al final de los tiempos (Tob p.149).
Los elementos eucarísticos aparecen también clara­mente en esta segunda multiplicación de los panes: el tomar los panes, la "acción de gracias" (o bendición), la fracción del pan, la distribución del mismo, la recolección de fragmentos y la despedida. Estos gestos de Jesús fueron queridos por él mismo y entendidos desde la más antigua tradición como una preparación del alimento escatológico por excelencia, la Eucaristía.
La primera multiplicación de panes es una tradición más arcaica, colocada en la orilla occidental del Lago, y habla de doce canastos, cifra de las Tribus de Israel y de los Apóstoles. Esta tradición proviene de las Iglesias judío-cristianas de Palestina.
La segunda, que procede con toda probabilidad de Iglesias cristianas de origen gentil, sitúa el aconteci­miento en territorio pagano, a la orilla oriental del Lago, y habla de siete espuertas, cifra de las naciones de Canaán (Hch 13,19) y de los diáconos helenistas (Hch 6,5). Los evangelistas quieren mostrar que la obra de Jesús se ex­tiende a tierra de gentiles. La expresión "algunos de ellos han venido de lejos" insinúa la lejanía de los pueblos paga­nos que tienen finalmente acceso a la fe (Is 60,4-6; Ef 2,13.17).

En cualquier forma, la historia de la multiplicación de los panes debió haber sido muy importante en la Iglesia primitiva; de allí que aparezca hasta seis veces en los evangelios.

ACTUALIZACION

Jesús Maestro:
Millones de seres humanos sufren de hambre.
Ten compasión de tantos pobres que hay en el mundo, necesitados en cuerpo y alma.
No permitas que desfallezcamos en el camino. 
Concédenos la gracia de encontrarte y vivir cerca de ti. 
Sacíanos, Señor, con "el pan de la vida".
Amén.




jueves, 9 de julio de 2015

Curación de un sordo tartamudo (Mc 7,31-37).

31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.
32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: "Effatá” , que quiere decir "¡Abrete!" 35 Se abrieron sus oidos y al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.
Como cuando se trataba del paralítico (2,1-12), aquí también se realza la fe de quienes llevan al enfermo a Jesús para que le imponga la mano. El caso de este pobre  hombre sordo que, además, era casi mudo, evoca el texto mesiánico de Isaías: "Entonces se despepegarán los ojos de los ciegos, las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lazará gritos de júbilo" (Is 35,5-6; cf Ba 6,40-41). Jesús realiza las Escrituras (Mt 11,4-6).
Marcos describe los gestos de Jesús para obrar esta curación. En ocasiones el Señor no rehusó emplear elementos que el pueblo sencillo utilizaba para conseguir la sanación de sus enfermedades. Así, Jesús se hace todo para todos.
"Lo lleva aparte", pues las obras de Dios no se hacen con ostentación, sino en la simplicidad y en el silencio.
"Metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó  lengua". A la hija de la cananea Jesús la había sanado a distancia; ahora entran en juego, como instrumentos de salvación-sanación, los dedos y la saliva de Jesús, pero son los de la humanidad del Hijo de Dios hecho hombre. Más tarde, los elementos materiales en los sacramentos (agua, aceite, pan y vino) serán instrumentos para comunicación de la gracia espiritual.
"Levanta sus ojos al cielo". Jesús se dirige a su Padre, entra en comunión con él. El hace hace sólo lo que el Padre le ha mandado hacer (Jn 5,19).

"Dio un gemido" o "suspiró". Más que un sentimiento de compasión hacia el enfermo, este suspiro o gemido es un llamado al poder divino para obrar la sanación del sordomudo.
Y exclamó "¡Effatá!" = "¡Abrete!". Es un imperativo pasivo: "¡Sé abierto!". Oír y hablar son dos verbos importantes para la fe. Primero: oír, escuchar, aprender; para después hablar y dar testimonio. Esto hace pensar en el "¡Escucha, Israel...!" (Dt 6,4). "Escuchar" es el verbo de quien se abre a la revelación divina; es el verbo de la aceptación de la fe y de la acogida personal; y el acto de fe se realiza con la palabra, confesando que Jesús es el Señor (Rm 10,9.17). El Salmo 40,6-8 y el Cántico del Siervo (Is 50,4-6) aluden a la apertura de oídos que se requiere para comprender las cosas de Dios, y luego proclamarlas.
36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto
más se lo prohibía, tanto más ellos lo proclamaban.
Si Jesús ordenaba que callaran era por motivos de su "secreto mesiánico"; pero en cuanto a los agraciados es preciso que ellos proclamen las maravillas de Dios. "Proclamar" es el verbo propio del kerygma
37  Y se maravillaban sobremanera y decían: "Todo lo ha
hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos ".
Como del Dios creador se decía que "todo lo que había hecho era muy bueno" (Gn 1,31), así de Jesús decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos"'.Jesús es el Señor de la creación.
Colocados después de las controversias con los fariseos acerca de los ritos de purificación (7,1-23), el caso de la sirofenicia y del sordo-mudo proclaman que la verdadera pureza viene del interior, brota del corazón, de la fe que Dios puede dar aun a los paganos.

ACTUALIZACION

Jesús:
Heme aquí, Señor, que ni oigo, ni puedo hablar.
 Toca con tu mano salvadora mis oídos y mi lengua.
 Pronuncia sobre mí tu milagroso "¡Effatá!" "¡Abrete!"
 Haz que yo oiga tu palabra y la comprenda, 
para luego proclamarla por todas partes. Amén.

La hija de una sirofenicia (Mc 7,24-30; Mt 15,21-28).

24a Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro.

Después de la multiplicación de los panes, Jesús deja la Galilea y toma el camino del norte, a las ciudades fenicias de Tiro y de Sidón. ¿Cuál seria la causa?

Por el evangelio de Juan sabemos que, después del discurso que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm sobre el "comer su carne y beber su sangre" (Jn 6,51-58), muchos de sus discípulos dijeron: "Dura es esta palabra, ¿quién puede escucharla?... Y a partir de entonces, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él". Inclusive Judas, uno de los Doce, comienza a sentirse inquieto ya disgusto con Jesús (Jn 6,60.66.71).
El momento fue decisivo. La época del entusiasmo popular había terminado. Jesús opta por apartarse un poco del país. Se dedicará a seguir formando a sus discí­pulos con más tiempo y libertad.
La región de Tiro y Sidón es la Fenicia, de cultura griega, habitada en tiempos antiguos por los cananeos.
24b Y entrando en una casa, quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, 25 sino que, en. seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se. postró a sus pies. 26 Esta mujer era. griega, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija, al demonio. 27 El le decía: "Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a. los perritos ". 28 Pero ella le. respondió: "Sí, Señor; pero también los perritos bajo la mesa comen de las migajas de los niños". 29El, entonces, le dijo: "Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija". 30 Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echado en la cama y que el demonio se había ido.
Jesús estaba en tierra de gentiles y deseaba pasar desapercibido' pero, ¡imposible! Su fama había llegado hasta allá, y la fe en él había brotado inclusive en una mujer, a quien el texto presenta como "griega", más bien por su cultura, ya que por su raza era sirofenicia de nacimiento, descendiente de los antiguos cananeos. "Griega" aquí equivale a gentil o pagana.
Pues bien, esta mujer tenía una hija atormentada por un espíritu malo. Viene, se postra a los pies de Jesús y le pide que expulse de su hija al demonio.

En Mateo la escena parece realizarse en tierra de Is­rael , pues "la mujer había salido de aquel territorio "y es presen­tada con gran solemnidad (15,22). Estilísticamente el rela­to mateano está muy bien trabajado, con gran fuerza dra­mática. La mujer dispone de tres instancias para exponer su necesidad; y hay un crescendo en cada intervención.
Primera intervención.
La mujer cananea gritaba diciendo: "¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David. Mi hija está malamente, endemonia­da!".
El título dado a Jesús: "Señor, hijo de David" tiene fuerte sabor mesiánico. Pero él no le respondió palabra. Este silencio equivale a no querer hacer caso a esa peti­ción. Sin embargo, esa actitud no es un rechazo definitivo, pues el Evangelio está destinado a todos los pueblos (Sal 87,4-7; Mi 28,19); es sencillamente la manifestación de que la hora de la misión a los paganos todavía no ha llegado (cf Jn 2,4).
Pero sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Concé­deselo, que viene gritando detrás de nosotros". Él evangelista presenta a los apóstoles desempeñando un papel activo. Aun cuando su intervención haya sido sólo tal vez para liberarse de los gritos de la mujer, no obstante resultó positiva.
Jesús va a actuar; pero antes responde: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la Casa de Israel". Con esta respuesta, Jesús o quiere probar la fe de la mujer, o intenta definir la misión que ha recibido: ir en busca de las ovejas perdidas de Israel (cf Mt 10,5-6). Si es así, la sanación concedida será anuncio por anticipado del acce­so a la salvación de que los paganos gozarán después de la muerte y resurrección de Jesús.
Segunda súplica.
Pero la mujer, postrándose ante él, insiste humilde­mente en su plegaria: "¡Señor, socórreme!". A lo que Jesús


responde: "No está bien tornar el pan de los hijos y echárselo a los perritos". La frase es muy dura, aunque parezca atenua­da por el diminutivo "perritos" (cf Mt 7,6). Los israelitas son hijos de Dios en virtud de la Alianza. Los gentiles por el momento están excluidos del Pueblo de Dios, pero tendrán también acceso a la mesa de familia cuandojesús haya dado su vida en redención por todos (Mt 20,28; 26,28; Rm 1,16).
Tercera instancia.
La sirofenicia, lejos de intimidarse, vuelve a la súpli­ca. Es ya la tercera vez que pide. "¡Sí, Señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos". Marcos escribe: "También los perritos bajo la mesa, comen de las migajas de los hijos". La mujer acepta, en parte, la palabra de Jesús: ¡De acuerdo! Ella no pretende igualarse a los hijos de familia, pero advierte que migajas de pan caen de la mesa de los amos y las aprovechan los perritos. A la fe se suma una profundísima humildad. La fe, unida a la plegaria humilde y constante, conmueven el corazón de Cristo y arrancan las gracias de Dios (Mt 8,10.13; 9,29; 15,28).
Respuesta de Jesús.
En la narración de Mateo, la respuesta de Jesús manifiesta un gran asombro y es un elogio admirable a la fe inmensa de esa cananea, sirofenicia, griega, pagana: "¡Oh mujer, grande es tu fe. Hágasete como quieres!". Y su hija fue sanada desde aquella hora.

ACTUALIZACION

Señor, Hijo de David: En el mundo hay mucho mal. Nuestro enemigo nos oprime y nos esclaviza. Tú has sido enviado a las ovejas perdidas de Israel; pero tu rebaño lo formamos las ovejas del redil universal. Muéstranos, Señor, a todos tu misericordia.
Fortalece nuestra fe y hazla "grande". Jesús, Salvador de los hombres, sálvanos!


sábado, 27 de junio de 2015

Jesús camina sobre las aguas (Mc 6,48-52).

Jesús camina sobre el mar agitado.
6,48 Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la, cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarlos de largo. 49 Pero ellos, viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: "¡Confiad, yo soy, no temáis!"
Jesús había dado a los discípulos la orden de tomar la barca rumbo a Belsaida (Mc) o a Cafarnaúm (Jn). Esta nota supone de nuevo, para la multiplicación de los panes, un sitio sobre la ribera noroeste del Lago.
Los evangelios, sin contarla, dejan suponer una muy difícil travesía, ya que, habiéndose embarcado por la tarde, se encuentran todavía en plenas aguas, a muchos estadios de la orilla (un estadio son 185 mts), hacia la cuarta vigilia de la noche, o sea, entre las tres y seis de la mañana. Un mar alborotado es símbolo del caos primordial y de las potencias del mal.
A la inquietud natural por la agitación del mar, se sumó la aparición de una persona que caminaba sobre el mar y que "quería pasarlos". Este último gesto provoca más fuertemente la reacción de los navegantes. Llenos de turbación y espanto, pensando que era un fantasma, co­menzaron a gritar. Por otra parte, el verbo "pasar de largo" evoca el paso de la gloria de Dios delante de Moisés y de Elías (Ex 33,19.22-23; 34,6; IR 19,11-13).
Pero al punto, Jesús se dirigió a ellos, diciéndoles: "¡Confiad, yo soy, no temáis!". Con estas palabras, él los invita a dos actitudes: tener confianza y echar fuera el miedo; y la razón es porque "El es".
La palabra "Yo soy" (en griego: egó eimí) significa, en su sentido primero y natural, yo soy Jesús, no se trata de un fantasma; pero, al mismo tiempo, ese "Yo soy" está indicando, en terminología bíblica, una epifanía divina, ya que es Yahveh quien se revela "caminando sobre el mar" (Jb 9,8; Sal 77,20), dominándolo (Sal 65,8; 77,17; 89,10), o "pasando delante", como pasó la gloria de Dios ante Moisés y Elías en el Sinaí (Ex 33,19.22-23. 34,6; IR 19,11-13).
Con la palabra "Yo soy",]esús deja traslucir, discreta pero fuertemente, que él aplica a su propia persona el Nombre divino: "Ehyéh = Yo soy" (Ex 3,14; Is 41,4; 43,10.13).

            El "¡No temáis!" recuerda la palabra que Jesús dirigió a Jairo: "¡No temas, solamente cree!". Al animar a los discípu­los a que tengan confianza y echen fuera el miedo, Jesús los está invitando a creer en él.

Y el viento se calmó

51 Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, 52 pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba, embotada.
Una vez que Jesús subió a la barca, el viento se calmó. He aquí un nuevo prodigio. El viento y el mar se tranqui­lizan y los viajeros pueden continuar su navegación hasta la orilla. Cuando Jesús está presente, todo se facilita y cambia.
          Marcos insiste en la incomprensión de los apóstoles. Lejos de intuir con fe sobre el acontecimiento, permane­cen profundamente turbados. Su mente está opacada, entenebrecida. No han comprendido aquello de lo que son signo los milagros: la multiplicación de los panes y el caminar sobre las aguas del mar (cf Mc 9,32; 10,24.26.32). En Jesús se manifiesta el poder de Dios que sacia a su pueblo y domina el mar, como había sucedido en tiempos del éxodo y del desierto.

La barca también aquí es figura de la Iglesia, la cual navega sobre aguas tranquilas cuando Jesús va con ella. La Iglesia se postra y adora a Jesús, su Señor, que la salva del peligro de sumergirse en las profundidades del abismo.

ACTUALIZACION

Jesús, 'Yo soy":
He aquí que navegamos en tinieblas, y nuestra noche avanza.
Soplan contra nosotros vientos contrarios, 
que nos impiden bogar con seguridad.
Ven, Jesús, sobre las aguas y súbete a nuestra barca.
                                                                         Sabiendo que eres Tú, estaremos seguros. 
                                                                  Sosiega el viento, tranquiliza las olas, y haznos oír:
                                                                           "¡Tened confianza! ¡Yo soy! ¡No temáis!" 
                                                                                                      Amén. 

jueves, 11 de junio de 2015

TERCERA PARTE
42 Comieron todos y se saciaron. 43 Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. 44 Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres.
Al igual que en el desierto, la gente "comió y se sació" (Ex 16,12; Nm 11,11-23; Sal 78,24-29). Trasponiendo los sentidos, Jesús Eucaristía es un alimento de Dios que sacia toda hambre profunda que pudiera tener el corazón del hombre. La multitud constaba de cinco mil hombres. Mateo agrega, hiperbolizando: "sin contar mujeres y niños".
En Juan, el recoger los fragmentos sobrantes obede­ce a una orden de Jesús: "para que nada se pierda" (6,12). En esta recomendación, algunos Padres antiguos (Tertu­liano, Orígenes) han visto una indicación para recoger los fragmentos de la Eucaristía. Nada de lo que Dios ha dado se debe perder. No es difícil, además, adivinar en los "doce canastos"un símbolo de los "Doce"apóstoles, que serán los encargados y responsables de la futura Eucaristía.

Los sinópticos no han conservado la reacción de la gente a la vista del prodigio. Juan, por su parte, comenta: "Los hombres, al ver el signo que había hecho, decían: 'Este es verdaderamente el Profeta que iba a venir al mundo'. Pero Jesús, conociendo que iban a venir a apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él solo "(6,14-15).
La gente intuyó que algo políltico-mesiánico estaba aconteciendo. Pensaron que Jesús podría ser el Profeta-como-Moisés, anunciado para el futuro (Dt 18,15-18). El entusiasmo popular llegó a su máximum y quisieron apo­derarse de Jesús para proclamarlo rey, esto es, reconocer­lo como " el Mesías". Pero Jesús eludió ese peligro, pues no correspondía a la misión que Dios le había encomendado.

 Jesús despide a la multitud y se queda solo (v.45-46).
45 Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46 Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
¿Por qué obligaría a sus discípulos a subir a la barca y partir? ¿Sería para evitar la tentación mesiánica del pueblo, que podría apoderarse también de ellos? Y ¿por qué no los acompañó él mismo? ¡Es el misterio de Jesús!
Como la gente, también los discípulos deben partir. El debe permanecer "en el monte, a sólas, para orar", entran­do en comunicación personal e íntima con su Padre-Dios, como lo había hecho ya en momentos trascendentales de su vida, por ejemplo: antes de su bautismo en el Jordán (Le 3,21) y antes de elegir al grupo de los Doce (Le 6,12); y .como lo harán más tarde: antes de preguntarles a los discípulos quién piensan que es él (Lc 9,18) y en el momento de la transfiguración (Lc 9,28-29). Mateo termi­na su relato con una frase que impacta e impresiona: "Al atardecer estaba solo allí".
Reflexiones:
1. El milagro de la multiplicación de los panes puede considerarse en tres niveles:
1|° Como una expresión viva y concreta de la compa­sión y misericordia de Jesús hacia los pobres (Mc 6,35-37).
fue una impactante lección práctica de formación para los apóstoles. Jesús mostró su inmensa capacidad de aco­gida, su compasión sin límites y su invitación a todo mundo a participar gratuitamente de un mismo banquete.
2° Como un"signo" de la presencia operante de los tiempos mesiánicos (Jn 6,14; Dt 18,15.18).
3|° Como un anuncio de la futura Eucaristía (Mc 6,41).
2. La multiplicación de los panes fue un aconteci­miento central en la vida apostólica de Jesús. El hecho y el relato intentan manifestar la identidad de Jesús y su misión de servicio. La narración evangélica evoca ya la institución de la Eucaristía (Mc 14,22). Por otra parte, la Iglesia ha modelado la celebración eucarística sobre los elementos de este episodio de la vida de Jesús:
                                                                     1° Jesús predica= Liturgia de la Palabra
                                                                     2° Tomó los panes= El ofertorio
                                                             3°Pronunció la bendición = La Plegaria eucarística
                                                                     4°Partió los panes = La fracción del pan
                                                                      5°Los distribuyó = La comunión
6°Despidió a la gente = Despedida a la Comunidad

ACTUALIZACION

Jesús, Pastor y Maestro: Somos como ovejas descarriadas, sin pastor. Ten compasión de nosotros. Sé nuestro Pastor y nuestro Maestro. Nuestra vida avanza momento tras momento, y puede ser ya tarde. Danos de comer, que tenemos hambre. Reiínenos en comunidad de hermanos, loma el pan, levanta tus ojos y pronuncia la bendición. Pártenos el pan y dánoslo en abundancia. Ansiamos vivir de "vida eterna", y esperamos que nos resucites en el último día. Amén.


jueves, 28 de mayo de 2015

Primera multiplicación de los panes (Mc 6,34-47; Mt 14,15-23; Lc 9,12-17; Jn 6,1-15).


Segunda Parte:

El prodigio (v.35-44).

35: Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron los discípulos y le dijeron: "El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada.36: Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer". 37: Les contestó: "Dadles vosotros de comer". Ellos le dicen: "¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?.  38: El les dice: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver". Después de haberse cerciorado, le diccen: "Cinco, y dos peces".

El lugar era deshabitado, sin embargo había aldeas cercanas.Esto hace pensar más bien en la orilla noroeste del Lago. La reflexión de los discípulos era sensata. Es Jesús quien los sorprende inesperadamente con su reacción:  "Dadles vosotros de comer". Inmediatamente piensan en la compra de pan que tendrían qué hacer. ¿De dónde sacar doscientos denarios? Un denarios era el jornal de un trabajador agrícola. Y habría qué añadir: Y ¿dónde encontraron encontrar tanta cantidad de pan?  Hecha la investigación sobre los panes que tenían, la respuesta fue: cinco panes,más dos peces.

39: Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la hierba verde. 40: Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 41: Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los hijos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.

La mención de la "hierba verde", junto con el tema del pastor, del reposo y del pan, recuerdan el salmo 23, que presenta a Dios como el buen pastor de Israel. El acomodo por grupos de cien y de cincuenta, evoca la organización de Israel durante los años del desierto, considerada como el orden ideal para el pueblo de Dios. 

El v. 41 es la cumbre histórica y teológica del relato. Cinco acciones se suceden cómo eslabón de una cadena. El colorido eucarístico impreso al relato es evidente.

     1. Jesús tomó los cinco panes y los dos peces.

     No sólo le son presentados los panes y los peces, sino que el mismo los toma.

     2. Levantó los ojos al cielo.

     Este gesto debió ser característico de Jesús. Lo hace cuando sana al sordo mudo (Mc 7,34), cuando resucita a Lázaro (Jn. 11,41), cuando ora a su Padre en el cenáculo (Jn. 17,1). Aquí "el levantar los ojos al cielo" tiene una conotación soteriológica.  Este gesto ha pasado a las liturgias eucarísticas de muchos ritos: romano, bizantino, corto, etíope sirio, maronita, etcétera.

     3.pronuncio la bendición. 
     La bendición es la oración de alabanza y de acción de gracias (Todá) que se hace en la liturgia judía, al romper el pan. Está bendición servía para recordar los beneficios de Dios a su pueblo. La liturgia cristiana la ha enriquecido con un sentido nuevo, a la luz de de la Pascua salvífica del Señor.

     4. Partió los panes y los dió a sus discípulos para que los distribuyeran.
     Jesús es quien parte los panes, pero los da a sus discípulos para que ellos lo distribuyan. Marcos insiste en la invitación que Jesús hace a los discípulos para que colaboren con él (v.38.39.41.43). Les  'está dando una formación en acto'. Lo que Jesús hace lo deberàn hacer también ellos. Serán sus seguidores y colaboradores (cf Lc 22,19).

     5. Tambièn repartió los dos peces.
     Muy probablemente en el momento histórico del prodigio, los peces tuvieron la importancia que se merecen en una comida. Pero, como el milagro fue percibido más tarde como un anuncio de la Eucaristía en la que el pan y el vino son los elementos del Sacramento, los peces fueron perdiendo relieve y aparecen como un elemento suplementario (cf.Mt-Lc).